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La Monumental Catedral de León ocupa un lugar privilegiado en el área central, este inmueble se destaca por su monumentalidad, exponente arquitectónico y urbanístico que define el espacio central de la plaza en la que se encuentran edificios singulares bien diferenciados. El templo emerge del atrio que le sirve de elemento integrador al espacio urbano, con excepción del costado este, a través de escalinatas que definen accesos principales, los cuales aparecen flanqueados por leones que descansan sobre bases de piedra maciza. Su planta es rectangular, según el tipo generalizado en las catedrales del siglo XVII y tiene cinco naves con diez tramos abovedadas. Las columnas son cruciformes, con la típica estría antigüeña que las recorre hasta continuar en el intrados de los arcos.
La catedral de León fue construida en la actual ubicación de la ciudad, en el mismo costado de la Plaza en que se encuentra. El inicio de su construcción fue de carácter provisional, era de Horcones, paredes de barro, techo de teja y piso de ladrillos de barro, siendo inaugurada en 1615. La catedral tuvo un violento fin cuando el 21 de Agosto de 1685 fue incendiada y destruida por los piratas ingleses que desembarcaron en las costas del pacifico. Durante su reconstrucción se utilizo a uno de los ingleses capturados, quien resulta ser arquitecto, este realizo un diseño típico de la época, de tres naves, paredes de cal y canto, techo de tejas, con una torre al Norte de la fachada y una capilla anexa al mismo frente, por el Sur con mas de cinco capillas a sus alrededores.
Su construcción típica, agradable, resulta ser insuficiente y es Deán Juan Carlos de Vilchez y Cabrera y el obispo Isidoro Marín Bullón y Figueroa, este ultimo es quien llega en 1746 accedió a tales ideas, esta seria la sexta catedral en construirse, considerando las dos construidas en León de Imabite, Este ultimo obispo murió un año después de la demolición de la Catedral en 1747.
Los planos originales de la catedral se le encargaron al arquitecto guatemalteco Diego Joseph de Porres y Esquivel, guardados en el archivo de Indias de Sevilla España, este planteamiento vota una versión de que sus planos originales pertenecían a la catedral de Lima, Perú. El costo de la construcción fue ocultado a la capitanía General de Guatemala y al Rey de España, por miedo a que se negara su autorización o construcción, se le informo al Consejo de Indias que su costo era de entre 20 mil a 30 mil pesos.
Mucho antes de la llegada a Nicaragua de Monseñor Juan Isidoro Marín Bullón y Figueroa, el cabildo eclesiástico y autoridades habían iniciado la obra mandando a crear los planos a Guatemala, Marín capellán de honor de su majestad arribo a inicios de 1746 y puso manos a la obra, en 1947 se inicio la demolición de la catedral recién construida, Sin embargo el 19 de Julio de 1748, monseñor Marín muere en la Capitanía General de Guatemala, hasta donde llego en busca de recursos para la obra, dejando únicamente los cimientos de unas siete varas de profundidad (sótanos).
Las obras fueron continuadas por el Vicario capitular Domingo Cabezas de Urízar desde 1748 - 1751, por el obispado de Agustín Morel de santa Cruz y José Antonio Flores de Rivera (1751-1756), las obras son retomadas por Juan Carlos Vilchez y Cabrera, miembro del cabildo, el que es nombrado obispo en el periodo de 1763 - 1774, aportan con fondos propios para continuar la construcción, e informo el verdadero costo de la Santa Basílica Catedral a España, realizando muros y paredes hasta las cornisas y mando a traer de Guatemala al arquitecto Fray Pedro de Ávila.
En 1767 muere posiblemente Diego Joseph de Porres y Esquivel arquitecto que había estado al frente de los trabajos por espacio de 20 años. Otro Arquitecto que es vinculado a su construcción es el Obispo Esteban Lorenzo de Tristán y Esmenola (1777-1784) pone en practica sus conocimientos de arquitectura se dedico a construir personalmente las cúpulas que cierran y cubren la nave central y el crucero, decidiendo consagrarla en 1810, aun faltándole el frontispicio y las torres, posteriormente el Obispo Juan Félix Villegas construyó dos tramos, inauguró dos salas e hizo trabajos complementarios.
Las obras fueron continuadas por Monseñor José Antonio de la Huerta y Caso, autor de la Capilla del sagrario. Monseñor Fray Nicolás García Jerez (1810-1824), finalizo las dos torres y la fachada en 1925. La obra continua con Monseñor José Bernardo Piñol y Aycinema, el cual restauro una de las torres, enladrillo el templo y remato el presbiterio hasta el 20 de Noviembre de 1860. El titulo de Basílica de esta Catedral lo otorgo el Papa Pío IX, el 23 de Noviembre de 1860. Su construcción duro aproximadamente 63 años, se estima que finalizo en 1810, con un costo aproximado de 200 mil pesos
En general, el estilo de este templo corresponde al barroco centroamericano, siendo evidente la influencia del neoclásico en el frente y las torres. A pesar de que esta construcción constituyo todo un proceso que necesito mas de un siglo, con periodos muertos, los cual la hace estilísticamente cabalgar entre la segunda mitad del siglo XVII y en la primera mitad del siglo XIX,, es decir venir del barroco y llegar al neoclásico y fundir ambos en un solo cuerpo, terrazas y fachadas. Se diferencia del resto de Catedrales hispanoamericanas por la falta de capillas en sus lados interiores y la colocación de una capilla exterior.
El aspecto exterior de la iglesia es neoclásico, influido por la gran fachada del Obispo Jerez, que peca de pesadez y poco relieve, si bien se alegra con los remates bulbosos de las dos torres, muy anchas y chatas por lo demás. El principal detalle barroco subsiste en la puerta trasera u oriental del edificio, llamada "Puerta Real", que se abre sobre un pequeño claustro, consta de un bello arco conopial antigüeño, despuntado, sobre el se alza un frontón curvo partido muy aéreo que forma una especie de doble cuerno y que protegía un escudo de España, hoy desaparecido.
A principios del siglo pasado, fue objeto de una serie de controvertidas remodelaciones que, contribuyeron de manera decisiva a que perdiera el sello interior de las catedrales tradicionales hispanoamericanas asemejándola a una basílica italiana. Producto de esos trabajos se destacan la incorporación de los talantes que unen el frontispicio con cada una de las torres, la colocación en el remate superior de la Inmaculada Concepción de Maria, trasladado del coro de su lugar original (al inicio de la nave central, al que ocupa hoy detrás del altar mayor, creación del tabernáculo hacia el lado sur del fondo en donde esta el antiguo Altar mayor y la colocación de los leones exteriores.
Según algunos historiadores afirman que los talantes (renacentistas) fueron traídos de un palacio señorial de San Petersburgo, Rusia, en donde a pesar de que ahí no hubo renacimiento, muchos elementos fueron introducidos a su arquitectura. También se consideran producto de las remodelaciones la colocación de los oleos de la vía-crucis en los arcos de los muros laterales, pintados por el Antonio Sarriá, cambio de los altares de cemento, instalación en las columnas de la nave central, entre otras obras. Pero además, de la importancia histórica que posee, cuenta con una serie de tesoros y lugares particulares. es sumamente luminosa gracias a sus puertas y ventanas y vitrales. Su azotea da una visión panorámica de la ciudad y se constituye en algo mas digno de admiración por sus cúpulas, llamadas popularmente comales.
La atracción de sus siete criptas en las que descansan personalidades celebres como el Príncipe de las Letras Castellanas Rubén Darío, el coro cordobés, el cristo conocido popularmente como el cristo de Pedrarias, venerado desde los primeros años de león Viejo (Imabite), la inmaculada Concepción, tallada en colmillo de elefante, la custodia del altar mayor de la época y el pedacito de la cruz del redentor, entre otros tesoros.
José Napoleón Gómez Pérez
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